Las rosas convierten el jardín más anodino en un espacio lleno de flores, hermoso y muy fragante. Si ya elegiste el mejor rosal para tu jardín y lo tienes recién plantado, es momento de dedicarle ciertos cuidados para ayudar a que tus plantas echen raíces, se establezcan y comiencen a florecer. El primer año requieren más atenciones y esmero, especialmente en lo que concierne al riego, pero el resultado final merece ese esfuerzo extra.

Recuerdo todavía cuando planté mi primer rosal -Evelyn-, este rosa de la foto de abajo. Hace tiempo que ya no lo tengó, pero vivió muchos años y me regaló cientos de rosas con un aroma indescriptible.

Si todavía no los plantaste, te recomiendo leer cómo plantar y cultivar las rosas.

Recomendaciones básicas para rosales recién plantados

1 Riega las rosas recién plantadas con frecuencia

Los rosales son arbustos que desarrollan un sistema radicular hondo. El riego a fondo estimula el crecimiento de raíces en profundidad, lo que les ayudará a sobrevivir en condiciones de sequía en los años posteriores.

El mejor utensilio para regar las rosas es la manguera, aunque puede servir cualquier sistema que suministre el agua en la base de la planta. Mojar el rosal desde arriba puede dañar las flores y fomentar la aparición de enfermedades fúngicas.

Los expertos recomiendan regar cuando el suelo esté seco al tacto a dos centímetros de profundidad y que el agua penetre hasta 30 cm de hondo por lo menos. Ajusta la presión de la manguera para que el suelo absorba el agua mientras riegas y no se escape por escorrentía, y déjala un buen rato en la base del rosal.

Durante el primer año de crecimiento no se debe descuidar el riego, es posible que tengas que regar el rosal dos o tres veces por semana. En otoño, reduce la cantidad de agua, pero no permitas que el suelo se seque por completo.

2 Alimenta los rosales

Partimos de la base de que en el hoyo de plantación habremos puesto una buena cantidad de compost. Con eso habrá suficiente para una buena temporada, pero cuando las rosas comiencen a florecer  puedes aplicar una dosis de fertilizante para rosales. Suelen tener una concentración ligeramente más alta de fósforo, como 5-10-5, y ayuda a la planta en su crecimiento. La dosis suele venir indicada en la etiqueta, aunque una cucharada colmada por planta suele ser suficiente.

El fertilizante puede ser líquido o en polvo. El primero se aplica diluido en un regadera, el segundo se espolvorea uniformemente alrededor de la base de la planta y se riega acto seguido. Repite el proceso cada seis semanas.

3 Acolcha la base del rosal con mantillo

El mantillo más conveniente para los rosales es una capa de material orgánico, como hojas o corteza de pino. Se extiende alrededor de la base de las plantas para ayudar al suelo a retener agua, protege r las raíces de la insolación y evitar que crezcan malezas.

Deja dos o tres centímetros de separación entre el tallo de la planta y la capa de mantillo.

4 Elimina las rosas marchitas y mantén limpia la zona

Corta las flores más viejas para alentar a la planta a producir más flores, en lugar de usar su energía en la formación de semillas.

Retira cualquier residuo alrededor del rosal que pueda albergar insectos u hongos: tallos rotos, flores secas, hojas caídas, etc. También las malezas o deshechos que hayan llegado al arriate.

Las buenas prácticas de jardinería ayudarán a reducir el riesgo de plagas y enfermedades. Si se produjese algún problema, hay soluciones naturales o ecológicas que pueden ayudar a controlar insectos y hongos.

Seguro que si no descuidas estos consejos básicos para cuidar tus nuevos rosales, ellos te recompensarán con bonitas flores. No son plantas complicadas, sí requieren ciertas atenciones, pero vale la pena no desatenderlas.