Parece mentira pero ya hace más de seis años que retomé los cuidados del jardín y decidí darle un aire nuevo. Los años anteriores los había pasado totalmente absorbida por otras tareas y no había podido dedicarle tiempo. A excepción de algunas plantas muy resistentes casi todas necesitaban ser restituidas y el césped había que reponerlo.

Ese año decidí que era imposible mantener el césped en la parte más baja del jardín. Allí no llega tanto sol y, además, bajar la segadora es una tarea muy incómoda. Me decanté por cubrir con grava esa parte, previamente pondríamos una malla para que debajo no crecieran las hierbas.

Fueron unos días de mucho trabajo y trastos por todas partes. Sacos de tierra y carretillas de grava, piedras grandes para nivelar determinados espacios y, por fin, una buena capa de sustrato enriquecido para recibir las semillas del nuevo césped y los rosales.

Esta isla, a la izquierda del jardín, es donde pensaba plantar los rosales.

En esta zona, hacia la derecha, había espacio suficiente para tener una pequeña superficie de césped que refrescara en las tardes de verano.

Justo delante del porche, que en esta fotografía podéis ver lleno de macetas y trastos durante los días de la transformación.

El resto del jardín estaba perfecto, lleno de dimorfotecas floreciendo en esas fechas y con arbustos que había plantado esa misma primavera y comenzaban a desarrollarse. Los laureles ya eran antiguos, unas de las primeras plantas que puse en el jardín y que lo han resistido todo.

En el lateral pusimos la malla y, sobre ella, kilos y kilos de grava.

En la parte del jardín, esparcimos las semillas de césped y las cubrimos con un buen mantillo. Sólo quedaba regar y esperar que la hierba germinara.

Y llegó el momento de ir a por mi deseado primer rosal. Tenía clarísimo el que quería, lo había estado consultando en foros de jardinería, lo había visto en cientos de fotografías…, sería Abraham Darby, uno de los rosales ingleses de David Austin. Y lo habría sido, si yo no me hubiese confundido en el último momento y no hubiese cogido en su lugar este ejemplar de Evelyn, también inglés y también de Austin.

Me fui realmente emocionada del vivero y cuando llegué a casa y leí de nuevo la etiqueta…, ¡no me lo podías creer! No era el rosal que yo realmente quería, pero pocos días después ya lo había olvidado. Evelyn es un rosal precioso, con flores grandes, enormes, y un aroma delicioso.

No dudé en plantarlo en el lugar donde hubiera estado el primero de mi elección. Lo he cuidado durante todo este tiempo y sigue siendo mi rosal favorito. Os dejo algunas imágenes de sus primeras rosas, rosas que me regala cada primavera a pesar de que no lo he cuidado todo lo bien que debiera. Pero eso va a cambiar, este año tiene que volver a brillar con el primer día y de eso ya me estoy encargando.