Este otoño vamos a cambiar un poco el aspecto de nuestro jardín trasero. Esta pequeña zona verde que tenemos en casa, dejará de ser una rocalla para convertirse en un espacio algo más llano. Los motivos son diversos y, a pesar de que me encanta la estructura en terrazas que forman las rocas, espero que el nuevo diseño sea más funcional sin perder la estética.

Uno de los grandes retos a los que me enfrento es el traslado de algunas plantas que quiero seguir manteniendo y, de todas ellas, el pequeño árbol de olivas es la principal. Si, como a mi, te interesa conocer cómo se trasplanta un olivo, te invito a seguir leyendo.

Trasplantar mi olivo (Olea europaea) me parecía una propuesta complicada, pero después de consultar con el jardinero y la persona que va a realizar la excavación del terreno me siento algo más confiada. Ambos coinciden en la opinión de que los olivos son plantas resistentes que generalmente responden bien al trasplante. Lo cierto es que un olivo pueden vivir cientos de años soportando condiciones muy duras. Además, parece ser que hacerlo en otoño es buen momento, porque la temperatura del suelo y del aire aún es cálida y las raíces pueden restablecerse.

El olivo de mi jardín no es muy viejo, ni muy grande, pero desarraigarlo y moverlo a su nueva ubicación no es tarea fácil de hacer a mano. Nuestro plan es aprovechar la pala que hará la excavación para sacarlo con la mayor cantidad de raíces posibles y transportarlo a su nuevo emplazamiento. En el caso de un olivo con un tamaño manejable, el proceso se puede hacer a mano cavando para sacar el cepellón.

A continuación os describo, paso a paso, la tarea de trasplante:

1. Podar para reducir el tamaño de la copa

Lo primero que conviene hacer es podar el olivo lo máximo posible, pero respetando las ramas de tamaño considerable. Eliminar algunas ramas permitirá que el trasplante sea más cómodo, pero si se desmocha o se poda en exceso, después tardará mucho en recuperarse.

2. Excavar y extraer el cepellón

Hay que determinar el tamaño del cepellón en función del tamaño de la copa y excavar una zanja alrededor. Si conforme se profundiza la cava aparecen raíces grandes, se cortan con una sierra limpia y afilada. El cepellón tiene forma de bola, llegará un momento en que habrá que colocar una pala debajo de las raíces y mover, zarandear o incluso cortar para liberarlas. Una vez suelto, hay que levantar el árbol del suelo manteniendo la mayor cantidad de tierra posible junto a la raíz.

3. Mover el olivo a un hoyo nuevo

Lo ideal es tener preparado un hoyo con igual profundidad que el cepellón pero bastante más ancho, el doble a ser posible. En él se introducen las raíces del olivo trasplantado, se riegan y se cubren con tierra. Para finalizar se debe apisonar la superficie (con los pies bastará) y se riega una vez más hasta que el suelo quede bien empapado.

Si no es posible enterrar el cepellón inmediatamente después de arrancarlo, la mejor opción es introducirlo en una maceta grande o un saco que pueda contener suficiente cantidad de tierra como para cubrir las raíces. Este contenedor se debe regar a diario para mantener la humedad y realizar el trasplante definitivo lo antes posible. El olivo es muy resistente, pero cuanto más tiempo pasa fuera de la tierra, menos posibilidades hay de éxito.

4. Mantenimiento hasta que el olivo enraíce y se establezca

Durante la primera temporada de crecimiento debemos mantener el suelo uniformemente húmedo para que haya un buen desarrollo de las raíces y el árbol se establezca. Cuando observemos crecimiento (se forman nuevas hojas y ramas), ya podemos ir disminuyendo la cantidad de agua. El olivo es un árbol que, una vez establecido, casi no necesita riego

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Este es uno de los muchos trabajos que nos esperan los próximos meses hasta conseguir una nueva configuración de jardín. Seguirá siendo mi pequeño jardín, pero con una forma distinta. Todavía no tengo claro el diseño, pero me gustaría que se convirtiera en un rincón de este estilo.