¡Hola de nuevo! Hemos estado unos días sin publicar pero las tareas del jardín han absorbido casi todo nuestro tiempo libre durante el puente. El clima acompañaba y el resultado no podía ser más satisfactorio.

Este clima loco que nos trae temperaturas por encima de los 30ºC a mitad de octubre es un poco bastante exagerado. Lástima que este “buen tiempo”, a la larga sea bastante malo. Parece que estemos en plena primavera y hasta el jardín anda desubicado. Nosotras empeñadas en cortar y podar, esperando que las plantas entren en reposo y se contengan que es “lo que toca”, pero ellas siguen firmes en su tarea de echar nuevos brotes. Al final hemos preferido ponernos de su parte y añadir algunas vivaces llenas de flores. Eso si, lo que había que podar, lo hemos podado; porque si no en nuestro pequeño jardín ya no cabríamos ni nosotras.

La poda, forzosa, pasaba por recortar los setos manteniendo su tamaño y que no se hagan demasiado anchos. Son un muro verde precioso en el jardín, además de muy práctico como delimitador; pero si no se controla su anchura pueden robar demasiado espacio, sobre todo en un jardín pequeño, como el nuestro. Esta es una tarea que nosotras no somos capaces de hacer y la dejamos en mano de un jardinero. El tiene las herramientas y el equipo necesario para esta labor, además de mucha más fuerza. Recortar los setos supone un esfuerzo tremendo, y dejarlos bien perfilados requiere de una técnica muy perfeccionada.

El perfilado de los arbustos pequeños sí que es labor nuestra. Las tijeras de mano son ya viejas conocidas y nos llevamos bastante bien. Recortar evónimos y dejarlos redondos como globos terráqueos perfectamente redonditos ya no tiene misterio…, el truco se basa en practicar y practicar hasta que sale bien. Después de años haciéndolo al final es coser y cantar. Bueno, también observamos mucho cómo cómo lo hacen los profesionales. Aquí una imagen más bonita donde se ve mejor, es de primavera.

Este año hemos dicho adiós a nuestros viejos rosales. El primer disgusto nos lo dio nuestro rosal inglés Evelyn que esta primavera decidió no despertar de su letargo invernal. Este arbusto ha vivido en nuestro jardín más de 15 temporadas, con unas flores y un aroma espectaculares que nos han dado muchas alegrías. También los otros rosales de mi pequeña rosaleda eran longevos, y se notaban agotados. Decidimos que era ya momento de cambiarlos.

¿Sabíais que David Austin reemplaza la mayoría de los rosales de su jardín cada 20 años? He estado leyendo mucho sobre el tema y sus palabras me tranquilizan. Estaba preocupada por el suelo en el que estaban los rosales. Ya sabéis, esa creencia de que en el suelo donde hubo un rosal plantado no se debe plantar otro nuevo porque no prosperará. En palabras de Michael Marriot, jardinero jefe de Austin Roses, esa afirmación no tiene ningún sentido y la prueba es que ellos llevan haciéndolo muchos años. Lo importante es mantener el suelo rico en nutrientes y sano.

En esta ocasión hemos decidido no volver a plantar rosas. A pesar de que en primavera lucían esplendorosas, durante el verano daban muchos problemas. El calor y la humedad atrae insectos y hongos que las estropean enseguida. Como tenemos algunos rosales en otras zonas del jardín, esta “minirosaleda” la hemos reconvertido a “minibordura mixta” con algunas herbáceas, vivaces, aromáticas, gramíneas y otras cosas.

Podría haber construido la frase anterior en singular, porque la bordura es tan pequeña que solo hay una herbácea: Gaura, una vivaz: Anémona, una aromática: Salvia y una “otra cosa” que es la suculenta Portulaca. Pero todas ellas en conjunto quedan así de bonitas.

Como os decía, en este pequeño arriate antes estaban los rosales, arbustos voraces donde los haya y capaces de agotar los nutrientes del terreno. Después de arrancarlos y antes de plantar otras cosas, los sabios aconsejan cambiar toda la tierra posible en la zona. Nosotras sacamos varios cubos de tierra de este pequeño bancal y la reemplazamos por estiércol (de caballo y oveja) que removimos todo lo profundo que pudimos.

Antes de plantar estuvimos dando alguna vuelta a las macetas, mareándolas un poco, hasta que encontramos la disposición que más nos gustaba …, y a cavar. Hoyos profundos para que las raíces estén desahogadas con sustrato mullido y rico para crecer. Una vez abiertos, llenamos de agua los hoyos, añadimos unos puñados de humus de lombriz e introducimos los cepellones. Uno a uno repetimos el proceso tapándolos bien apretados.

El resultado final nos encanta, estamos contentísimas con nuestro pequeño arriate de vivaces. La gaura y las anémonas se mueven con la mínima brisa y forman un conjunto ligero y natural. Veremos su evolución porque es casi seguro que habrá que entresacar alguna planta cuando crezcan. A decir verdad, no tenemos mucha fe en que las anémonas prosperen bien. Pero le daremos tiempo al tiempo y él nos dirá qué sucede. Nosotras, os lo contaremos.