Seguro que la reconocéis, se la conoce sobre todo como una mala hierba o maleza que arrancamos de nuestros jardines en cuanto la descubrimos, pero la cerraja es una de esas plantas silvestres de las que nuestros mayores  sabían sacar buen partido por sus cualidades nutritivas o curativas.

Es una planta compuesta y perenne, natural de todas las regiones templadas del planeta, que puede acercarse al metro de altura. Las hojas son irregulares y dentadas, muy parecidas a las del diente de león, pero crecen a cualquier altura del tallo envolviéndolo. Las flores de esta planta suelen aparecer en verano, aunque si el clima es cálido pueden florecer desde la primavera hasta el  otoño.

Por la región mediterránea es una planta muy abundante, que igual se puede encontrar en los arcenes de las carreteras, en medio del campo o cerca de la playa. En mis paseos me cruzo muy a menudo con ella, algo me hace pensar que no es exigente en cuanto a la calidad del suelo.

¿Recordáis el artículo que escribí hace unos días sobre la verdolaga? Pues ya entonces salió a relucir la cerraja, en uno de los testimonios que Joan Pellicer recoge en su “Costumari botanic” se comenta el uso de la cerraja como ingrediente culinario. Por supuesto eran otros tiempos, cuando todavía se compraban lechugas enteras en cualquier verdulería o ultramarino del barrio.

Para consumir las hojas de la cerraja lo ideal es recolectarlas antes de que florezcan, porque después su sabor es más amargo. Este amargor es debido al látex que se forma en su interior, que además puede producir dermatitis al contacto con la piel. La raíz de la planta, seca y molida (como la de achicoria), se puede utilizar como un sustituto del café.

Estas últimas imágenes son de una cerraja que acabo de arrancar de una maceta en la que cultivo un rosal, justo el que deboraba hace unos días el “zampa rosas” 🙂

Las propiedades beneficiosas de esta planta ya las citaba Dioscórides, botánico y farmacólogo de la antigua Grecia, en su obra “De materia médica“: acción antibiótica, laxante y diurética. Lo cierto es que con el tiempo se encontraron hierbas más efectivas, y la cerraja dejó de utilizarse en farmacia hacia el siglo XVIII.

En la actualidad su uso más común es el consumo fresco de las hojas, en ensaladas, o cocidas, en sopas y menestras. Para apreciar mejor sus cualidades diuréticas, se toman infusiones de hojas cocidas en agua.