Hace unos días dábamos un paseo virtual hasta la plantación Oak Alley para conocer sus robles centenarios, unos árboles imponentes de 300 años de antigüedad que flanquean la entrada a la casa y que fueron plantados allí casi 100 años antes de construir la vivienda. Hoy os traigo una historia parecida pero más mediterránea. Mediterránea por el clima, no por la cercanía del mar Mediterráneo, en esta ocasión nos vamos hasta Stone Edge Farm, al norte de California, donde los protagonistas son unos viejísimos olivos que fueron respetados cuando se construyó la vivienda a la que acompañan.

Olivos singulares y monumentales, testigos de cientos de años de historia

La historia de la granja Stone Edge se remonta más de 150 años atrás. Fue en 1845 cuando su primer propietario, Nicholas Carriger, se estableció en estas tierras con su familia para plantar un viñedo y producir vino. Un viñedo que ha perdurado hasta nuestros días y que recientemente amplió su actividad para producir también aceite y otros vegetales con los que se abastecen mercados y restaurantes de alrededor.

Cuando sus actuales propietarios, John y Leslie McQuown, adquirieron la finca en 2004, ninguno de los dos se dedicaba profesionalmente al cultivo de la tierra. Él era ingeniero mecánico y ella diseñadora, ambos apasionados de la naturaleza, ecologistas y coleccionistas de buenos vinos. Con posibilidades económicas y una finca de estas características a su alcance, no dudaron en invertir en la tierra para fundar una gran empresa vinícola, pero con sensibilidad. La granja es un negocio y está para ganar dinero, eso es evidente, pero lo destacable de esta explotación agrícola es su carácter ecológico y el empeño de sus propietarios por cultivar la tierra de manera orgánica y sostenible.

Seguro que casi todos habéis visto olivos como estos a la venta en algún vivero, joyas naturales desarraigadas de su lugar de origen y puestas a la venta por un precio desorbitado que muy pocos pueden pagar. Yo los he visto arrancar para construir viviendas, zonas comerciales, hacer carreteras, etc. Olivos empaquetados en macetas que, con mucha suerte, terminan adornando lujosos chalets, y con menos, mueren en el intento.

Este es un ejemplo lejano de buenas prácticas en horticultura, pero seguro que cerca hay muchos emprendedores que sacan adelante sus granjas, viñedos y cultivos con tanto cuidado como esta pareja estadounidense. Lo cierto es que me llamó la atención su historia y las bonitas imágenes de estos maravillosos olivos con sus troncos retorcidos y arrugados de tan viejos. Si conoces alguna historia similar me encantará que la compartas en los comentarios.

Imágenes: Stone Edge Farm