El oídio es una de las enfermedades más frecuentes y graves de las rosas del jardín. Se reconoce por un polvillo blanco que aparece sobre las hojas, los tallos y, sobre todo, los capullos florales. Por su aspecto, también hay quien le llama ceniza o blanquilla. Lo causa una variedad de hongos del género Podosphaera que se instalan en las plantas produciendo un daño considerable.

Síntomas de oídio en un rosal

Los primeros síntomas de oídio son unas ampollas rojas, casi imperceptibles, en la superficie de las hojas del rosal que van seguidas por la aparición de unas manchas blancas polvorientas en las partes aéreas de la planta.

El hongo puede infectar cualquier parte de la planta, pero prefiere el tejido más joven y son los brotes más tiernos, y los capullos de las flores, los que generalmente muestran los primeros signos de enfermedad.

Cuando el hongo se apodera del arbusto, las hojas se deforman y disminuye la capacidad de la planta para fotosintetizar los alimentos. Los capullos no se abren y el desarrollo del rosal se ve comprometido. Las infecciones severas detienen el crecimiento de las hojas, que caen antes de tiempo, y reducen la floración. Si no se controla, el hongo se sigue extendiendo y puede cubrir toda la planta hasta acabar con todas sus hojas.

Porqué se produce el oídio en los rosales

El Sphaerotheca pannosa var. rosae, también conocida como Podosphaera pannosa, es la especie más común del hongo del oídio y el causante de ésta enfermedad en los rosales. Las esporas germinan en la superficie de las hojas, donde los micelios crecen y se ramifican penetrando en las células de la planta para nutrirse. En la superficie continúa la formación de nuevas esporas que van invadiendo otras zonas de la planta.

Las esporas  se extienden a nuevas plantas a través de las corrientes de viento. Cuando llega el mal tiempo, para sobrevivir en condiciones desfavorables, el hongo puede permanecer latente en las yemas o en el suelo bajo el arbusto.

Factores ambientales

La época de mayor actividad del oídio comienza en primavera, cuando los días empiezan a ser más cálidos, y se prolonga durante todo el verano e incluso parte del otoño. Como ocurre con casi todos los hongos, la mala ventilación y la humedad alta favorecen  el crecimiento.

Control del oídio

Este hongo suele estar presente en el sustrato, esperando condiciones favorables para infectar las plantas del jardín. Para prevenirlo y combatirlo se debe seguir una rutina de higiene adecuada.

  • Limpiar y desechar las hojas caídas y otros restos que rodean la base de las plantas.
  • Podar las partes infectadas de la planta y desecharlas adecuadamente.
  • Proporcionar a los rosales agua y nutrientes adecuados para mantener sus defensas.
  • Mantener el suelo acolchado para evitar la pérdida de humedad.
  • Espaciar los rosales lo suficiente para proporcionar una buena circulación de aire.
  • Podar y despejar el centro del arbusto para que esté bien ventilado también en el interior.
  • Regar las rosas por la mañana para que el follaje se seque rápidamente y evitar la infección por hongos patógenos.
  • Usar fungicidas como medida preventiva durante épocas de condiciones óptimas. Esto suele ser primavera y otoño, cuando se juntan temperaturas cálidas y días lluviosos. Se debe leer la etiqueta del producto y seguir todas las indicaciones.

Fungicidas naturales contra el oídio

Existen métodos de control químico no convencionales que ofrecen modos de acción alternativos a los fungicidas sintéticos comerciales. Entre los métodos caseros más efectivos para controlar el oídio están la leche, el azufre, el bicarbonato de potasio , las sales de epson y los aceites.

  • Las sales de epson deben aplicarse regularmente durante la temporada
  • El azufre evita que las esporas germinen, por lo que se aplicar antes de que surja la enfermedad
  • El sulfato de cobre es un fungicida efectivo permitido en la agricultura ecológica
  • El aceite de neem neutraliza eficazmente el oídio en muchas plantas al interferir con el metabolismo del hongo y terminar la producción de esporas
  • La mezcla de azufre con el aceite de pescado y/o aceite de sésamo también es eficaz
  • La leche ha sido un fungicida muy popular que se diluye con agua (1:10) y se rocía sobre plantas susceptibles a la primera señal de infección. Se desconoce el mecanismo exacto de acción, pero un efecto conocido es que la ferroglobulina , una proteína del suero lácteo, produce radicales de oxígeno cuando se expone a la luz solar, y el contacto con estos radicales es perjudicial para el hongo
  • Los aerosoles con bicarbonato de sodio (bicarbonato de sodio) y aceites vegetales o minerales disueltos en agua también se recomiendan para controlar el mildiu polvoriento, aunque estas mezclas tienen una eficacia limitada e inconsistente. Altas concentraciones de sodio son perjudiciales para las plantas