El Cercis siliquastrum se ha ganado el apelativo de “árbol del amor” por méritos propios. Además de la graciosa forma de corazón que tienen sus hojas, un denso manto de flores rosas cubre sus ramas durante la primavera y después caen al suelo componiendo una alfombra digna de un paseo para enamorados. Los cercis del botánico (el de Valencia, en este caso) están en flor y son los protagonistas del mes de abril. Su estampa destaca entre el resto de la flora a pesar de tener una gran competencia: son muchos los árboles y arbustos que estos días lucen sus flores.

Este pequeño árbol raramente supera los 6 metros de altura, aunque existen ejemplares que llegan a los 15. Sus ramas pierden las hojas en invierno y queda desnudo hasta que llega la primavera, entonces se llena de flores y poco después aparecen las hojas.  Se utiliza mucho en jardinería por su porte ornamental y sus flores se pueden utilizar para aderezar platos culinarios. También tiene propiedades medicinales y sus frutos se utilizaban en las antiguas boticas como astringente.

Este arbolito es originario del norte del Mediterráneo y está naturalizado en casi todas las zonas templadas del planeta. Soporta cortos periodos de sequía, no tolera los terrenos encharcados y aunque puede soportar bajas temperaturas (-10ºC), no resiste heladas prolongadas. En relación al suelo no es muy exigente, puede crecer en todo tipo de terrenos, pero prefiere suelos calcáreos.

Este árbol también es conocido como “árbol de Judas”. Una antigua creencia dice que Judas Iscariote se ahorcó en un Cercis después de traicionar a Cristo. Es más probable que se deba a una traducción tergiversada de su nombre en francés “arbre de Judée” que significa en realidad “árbol de Judea”.

Siempre he admirado estos bellos árboles y fue uno de los que me planteé poner el jardín durante los primeros años. Lástima que me decantara por un arce negundo, demasiado grande para mi escuálido terreno y que tuve que arrancar algunos años después. 🙁

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