Probablemente hayas visto o utilizado una esponja vegetal en alguna ocasión, ya sea para el aseo personal o para la limpieza de la casa. ¿Sabías que estas esponjas provienen del fruto de una planta? En los comercios las suelen acompañar con complementos marinos: conchas, estrellas de mar y cosas similares, y quizás por eso muchos creíamos que se obtienen de alguna criatura marina. Pero no es así. Se trata de Luffa aegyptiaca, una planta cucurbitacea que podrías cultivar en tu propio huerto.

Esta especie de calabaza fue descubierta por los europeos en Egipto, durante las grandes expediciones botánicas del siglo XVIII, y de ahí deriva el epíteto “aegyptiaca” que acompaña a su nombre. Es una planta anual originaria de Asia, donde se consume como verdura de temporada. Por su origen tropical necesita calor y humedad para prosperar, y un suelo húmedo con buen drenaje. Para su porte trepador, es deseable proporcionarle un soporte al que sostenerse y así los frutos se desarrollarán mejor.

Existe otra especie de cucurbitácea muy parecida, Luffa acutangular, pero que por su forma alargada recuerda más a un calabacín. Esta se cultiva y consume de la misma manera que la aegyptiaca e incluso su mesocarpio maduro es igual de fibroso y se emplea también como esponja o estropajo suave.

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Para que la luffa llegue a ser una esponja, se debe cultivar la planta y dejar que los frutos maduren en la vid hasta que se vuelven amarillos o marrones. Entonces se pelan y se deja al descubierto la masa de tejido fibroso de su interior. Estas esponjas naturales vegetales son más resistentes que las de origen animal, las poriferas. Se usan para el aseo personal por su capacidad exfoliante, pero también como estropajo suave para la limpiar los platos, el suelo u otras superficies. En cosmética hay quien las incorporan y hacen unos bonitos jabones.

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Con el clima apropiado se pueden cultivar en el jardín. Las matas de lufa florecen en amarillo y resultan muy decorativas, incluso con la fruta colgando. Las flores y los frutos jóvenes se pueden consumir en ensaladas u otros platos. La planta es muy productiva y puedes dejar alguna pieza, al finalizar la temporada, para que madure y forme la esponja natural.

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Cómo y dónde plantar luffa

A esta planta le gusta crecer a pleno sol. El suelo debe ser rico en nutrientes (con buen compost o estiércol) y mantener cierto nivel de humedad pero que no se encharque.  Se cultivan como las calabazas colgantes, con un enrejado resistente por donde trepar.

La luffa necesitan un periodo de tiempo largo para madurar (entre 150 y 200 días cálidos), por lo que puede ser recomendable hacer la siembra en semilleros cálidos o en invernadero para trasplantar al aire libre cuando hace buen tiempo.

Yo nunca he visto esta planta en los viveros o centros de jardinería a los que suelo ir, pero probablemente se consigan pedidos por encargo. La alternativa es sembrar las semillas, hay tiendas online que las venden y también se pueden encontrar en Amazon.

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Cosechar luffa para hacer esponjas

Si quieres usar la calabaza luffa para hacer una esponja, debes dejar que madure en la planta hasta que parezca que está pasada. Notarás que los frutos están listos para recoger cuando la piel verde se haya vuelto de color amarillo oscuro o marrón y comience a separarse de la fibra en el interior. Al apretar, la fruta parece hueca y liviana.

Pelado y preparación de esponjas de luffa

Para conseguir la esponja vegetal hay que eliminar la piel exterior. Si está agrietada será sencillo. Si está intacta, prueba a aplastar la fruta suavemente hasta que aparezcan grietas y luego ve tirando de los bordes rasgados, como si pelaras una mandarina. Cuando la piel está seca y dura, remojar la fruta en agua durante unos minutos puede facilitar el trabajo.

Una vez quitada la piel, hay que sacudir para extraer las semillas del interior y, si quieres, guardarlas para la siguiente temporada. Luego se lava la savia de la esponja con un poco de jabón para lavar platos. Si tiene manchas oscuras, se eliminan con agua oxigenada o un blanqueador de ropa sin cloro.

Para finalizar se dejan secar al sol, girando de vez en cuando hasta que se sequen por completo. Si no se han de utilizar de inmediato, pueden guardarse en una bolsa de tela para evitar que el polvo la ensucie, y durará años.

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Uso de las esponjas de luffa

Algunos frutos llegan a alcanzar una longitud considerable, pero pueden cortarse en rodajas para hacerlas más pequeñas, o en longitudinal para hacer estropajos planos. La fibra seca de estos vegetales se utilizan cada vez más para hacer diferentes productos naturales: filtros, manteles, plantillas, sandalias y otras cosas.

Lo mejor de estas esponjas es que, al ser un producto natural, cuando ya no son útiles se pueden tirarlo al cubo del compost. Aunque si cada cierto tiempo la remojas en una solución de lejía diluida en agua, evitarás que se convierta en un hotel de gérmenes y durará mucho tiempo.

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Cosechar luffa para comer

Tanto los brotes florales, las flores, como los frutos de la luffa se pueden comer. Para tomar esta cucurbitácea como alimento, se recoge antes de que se pase y su interior se vuelva seco y fibrosos. Su aspecto es como el de un pepino y, según dicen, su sabor también se parece bastante. Las flores y los frutos jóvenes se toman crudos o salteados, cocinados en guisos o curry, fritas o incluso en empanadas. Como el pepino, las luffas aportan mucha fibra y son ricas en vitamina A, manganeso, potasio, cobre, vitaminas B5 y B6 y vitamina C.

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