Una, que es bastante romántica, no puede dejar de emocionarse al ver un jardín así y conocer su historia. No es el más hermoso, ni el mejor diseñado, está lleno de sencillas flores y sobretodo de mucho, muchísimo amor.

Un jardín cubierto de Phlox y toneladas de cariño

Durante sesenta años de matrimonio, el señor y la señora Kuroki dedicaron su vida a cuidar de dos hijos y mantener una granja lechera en una pequeña localidad japonesa llamada Shintomi. En 1986, a causa de una complicación de su diabetes, la Sra Kuroki perdió la vista. Ella, que siempre había soñado con viajar algún día por todo Japón, perdió su ilusión y calló en una profunda tristeza.

El Sr. Kuroki, con el corazón roto al ver a su esposa decaída y encerrada en sí misma, comenzó a buscar la manera de devolverle la alegría y se le ocurrió una idea brillante: si ella no podía recorrer Japón, sería Japón quien vendría a verla a ella.

Pensó que un jardín lleno de flores fragantes sería un aliciente para su esposa y atraería a visitantes de todo el país hasta su humilde casa. El devoto esposo dedicó dos años a limpiar las laderas contiguas a su vivienda y cubrirlas con plantas de Phlox que al florecer en primavera crean un espectáculo visual y un placer para los sentidos.

Aunque la Sra. Kurokis no ha podido realizar su viaje soñado, su jardín es ahora una atracción turística donde la gente acude no sólo para ver las flores, también visitan a la adorable pareja y pasan el día en su compañía hablando de las ciudades de donde proceden. Así, la señora Kuroki puede conocer de primera mano como es su país.

flores de Phlox

El acto de amor del Sr. Kuroki ha conseguido que su esposa recupere la alegría y vuelva a sonreir, atrayendo a más visitantes de lo que jamás hubieran imaginado.

¿No te parece una historia preciosa?

Imágenes: Yoshiyuki Matsumoto