Forman parte de nuestro patrimonio olvidado. Los palomares, que durante siglos fueron de gran utilidad para el hombre, cayeron en desuso hace muchos años y hoy son, en su mayoría, pequeñas ruinas de adobe y madera, que muchos desconocemos, y unos pocos se empeñan en recuperar.

Palomar de Lira

En 2011, la leonesa Irma Basarte, fundó la Asociación de Amigos de los Palomares de León, para reivindicar la protección de los palomares, esas pequeñas construcciones dispersas en el paisaje rural de la provincia leonesa y otras regiones adyacentes.

Palomar en ruinas

Encontramos palomares por toda Europa, solían ser propiedad de las clases pudientes y su tenencia estaba regulada. Son elementos que no faltan en las casas señoriales, como los pazos gallegos, y en España salpican el paisaje, asociados, sobre todo, a zonas del interior de la península donde se cultiva cereal. Para evitar el saqueo al que estaban expuestos, Enrique IV, rey de Castilla y León, dictó en 1465 una ley para protegerlos.

Palomar en la laguna de Villafafila (Zamora)

Existían palomares de distintos tipos según su localización, pero solían ser estructuras cerradas al exterior, de diferentes materiales, pero siempre muy rústicos: barro, piedra, madera, teja, etc. Fuertes para cobijar a las aves del frío invierno y de los rigores del verano. En su interior albergaban huecos, a modo de nidos, donde se acomodaban las palomas y criaban a sus pichones.

Palomares en Villarramiel (Palencia)

La carne de ave era un importante recurso gastronómico, pero no el único beneficio que proporcionaba la cría de palomas. La palomina, o guano, es un fertilizante magnífico para los cultivos y del palomar se extraían buenas cantidades con cada limpieza mensual. Además, las plumas de las palomas se empleaban en la confección de almohadas y edredones.

Palomar en Barcial de la Loma (Valladolid)

La agricultura industrial, el despoblamiento rural, el paso del secano al regadío o la utilización de pesticidas son, entre otros, algunos de los motivos que han ocasionado la desaparición de los palomares. Sus ruinas se pueden contemplar por toda nuestra geografía pero especialmente en la comarca de Tierra de Campos (Palencia, Valladolid, Zamora y León), donde hay una considerable concentración  de ellos.

Interior del palomar de Pazo Baión restaurado como sala de cata

Para conocer más sobre estas construcciones intrínsecas a nuestra historia, tan típicas en algún tiempo pero hoy casi olvidadas, lo mejor es echar un vistazo al blog de Irma Basarte. Una enamorada de ellos, cuyo empeño ha conseguido recuperar algunos y hacer que se rememore su función y utilidad.