Clorosis férrica: cómo reconocerla y corregirla en tu jardín

La clorosis férrica y yo nos conocemos bien, y todo gracias a mi trachelospermum. Hace cuatro o cinco años planté tres matas para cubrir un muro muy alto de mi jardín y, aunque han crecido de maravilla, pronto descubrí que son especialmente propensas a ella: de vez en cuando, las hojas nuevas salían amarillas como un limón, pero con los nervios verdes, muy marcaditos, como si alguien las hubiera dibujado con rotulador.

trachelospermunen primavera con indicios de clorosis ferrica
Mi trachelospermum en primavera comienza a sufrir de clorosis férrica

Si tienes un jardín en un suelo calizo, como el mío, o el agua de riego es dura, también mi caso, es muy probable que tarde o temprano te encuentres con ella. La buena noticia es que tiene arreglo, y que cuando aprendes a reconocerla, la pillas a tiempo.

En este artículo verás:

  • Qué es la clorosis férrica y por qué aparece.
  • Cómo reconocerla y no confundirla con otros problemas.
  • Qué plantas la sufren más.
  • Cómo la corregí y cómo evito que vuelva.
  • Los errores que cometí, para que tú no los cometas.

¿Qué es la clorosis férrica y por qué aparece?

La clorosis férrica es el amarilleo de las hojas por falta de hierro. Sin hierro, la planta no fabrica bien la clorofila, que es lo que la pinta de verde y le permite alimentarse del sol.

Y aquí viene lo curioso: en la mayoría de los casos el hierro está en la tierra. El problema es que la planta no puede absorberlo por el pH alto de los suelos calizos, tan típicos del Mediterráneo. Es como tener la nevera llena y haber perdido la llave.

Hay tres cosas que lo empeoran:

  • El agua dura del grifo, que va subiendo todavía más el pH de la tierra con cada riego.
  • El exceso de riego, porque unas raíces encharcadas respiran mal y absorben peor el hierro.
  • La primavera, cuando la planta brota con ganas y necesita más hierro del que puede conseguir.

Si quieres entender cómo se alimentan las plantas y qué papel tiene cada nutriente, te lo cuento en cómo se alimentan las plantas.

Hortensia con hojas amarillas y nervios verdes por falta de hierro
Mi hortensia, que con agua dura lo tiene difícil aún en sustrato de acidófilas: hojas amarillas y nervios verdes en cuanto me descuido.

Cómo reconocer la clorosis férrica

La señal inconfundible está en las hojas jóvenes, las de las puntas: se vuelven amarillas, pero los nervios siguen verdes. Quédate con esto: hoja joven amarilla, nervios verdes, falta hierro.

Hojas con clorosis: hojas jóvenes amarillas con los nervios verdes muy marcados junto a hojas viejas todavía verdes
Fíjate bien: hoja joven amarilla, nervios verdes. ¡Así me la encontré yo!

Si no se corrige, las hojas llegan a ponerse casi blancas, los bordes se secan y la planta crece poco y florece menos.

No la confundas con otros problemas

«Pues todas las hojas amarillas me parecen iguales», estarás pensando. Tranquilidad, que hay truco: fíjate en qué hojas amarillean y cómo.

Lo que vesQué hojasQué suele ser
Amarillo entre nervios verdesLas jóvenes, de arribaFalta de hierro (clorosis férrica)
Amarillo entre nervios verdesLas viejas, de abajoFalta de magnesio
Palidez general, sin nervios marcadosEmpieza por las de abajoFalta de nitrógeno
Bordes quemados y poca florVariasFalta de potasio
Amarillo general y tierra siempre húmedaMuchas a la vezExceso de riego

Antes de tratar, mete el dedo en la tierra. Si está empapada, el problema puede ser el riego y no el hierro, porque el encharcamiento provoca síntomas muy parecidos.

Plantas más propensas a la clorosis

No todas las plantas la sufren igual. Las que más la padecen en suelos calizos son:

  • Trachelospermum (jazmín de leche): el mío es la prueba viviente y la sufre, sobre todo, en primavera. Si algún año me he descuidado a la hora de aplicar una buena enmienda orgánica, el suelo carece de los elementos que la planta necesita para nutrirse bien y las hojas nuevas crecen con deficiencias.
  • Cítricos: limoneros, naranjos y mandarinos, sobre todo en maceta.
  • Abelia y plumbago: dos arbustos preciosos que en mi jardín también han pasado por ella.
  • Plantas en maceta: varias de las mías la han sufrido. Con cada riego con agua del grifo, el sustrato se va cargando de cal y, en el poco espacio de una maceta, el problema aparece antes.
  • Plantas que prefieren suelos ácidos: hortensias, gardenias, camelias y azaleas. En tierra caliza lo tienen difícil desde el principio. Nunca deberías plantar con un sustrato que no es el idóneo, para mis hortensias, por ejemplo, siempre uso una buena mezcla para acidófilas.
  • Rosales: sobre todo cuando se riegan mucho con agua dura.
  • Incluso las alternativas al césped: mi lippia también acusa el agua dura, y de vez en cuando le doy un reverdeciente a base de hierro.

Así que, si tienes alguna de estas plantas, vigila sus brotes nuevos cada primavera: es cuando suele dar la cara.

Muchas de mis plantas han padecido cierta clorosis férrica alguna vez. Es un caso muy habitual, así que no te preocupes demasiado si tes ucede. La materia orgánica es la que mantiene vivo el suelo: retiene humedad, alimenta a los microorganismos y ayuda a que la planta absorba el hierro y el resto de nutrientes. Si un año falta, la planta lo nota en los brotes nuevos. La solución pasa por combinar un rescate rápido con una corrección de fondo.

El rescate rápido, para las hojas jóvenes amarillas con los nervios verdes, supone añadir quelato de hierro Fe-EDDHA o un abono foliar si no tienes claro qué tipo de carencia es. La corrección de fondo se basa en aportar la enmienda orgánica cuanto antes. Extiende compost, humus de lombriz o estiércol bien compostado en una capa de unos 3 a 5 cm alrededor de la planta. No es necesario que caves hondo junto a las raíces. Basta con mezclarlo ligeramente con la capa de arriba o dejarlo por encima como acolchado: el riego y los organismos del suelo se encargan del resto. Y ten paciencia porque esto actúa despacio, puede llevar varias semanas.

Las plantas mediterráneas de toda la vida, como las salvias, la lavanda o el romero, están hechas a estos suelos y rara vez dan guerra por falta de nutrientes.

Cómo corregir la clorosis férrica

La solución más eficaz y rápida para corregir la clorosis férrica es el quelato de hierro. Un quelato es hierro «envuelto» de forma que la planta lo puede absorber aunque el suelo tenga el pH alto.

Elige bien el quelato

Aquí está la clave: en suelos calizos, busca el de tipo Fe-EDDHA, que es el que aguanta el pH alto. Los otros tipos, como el EDTA o el DTPA, funcionan en suelos neutros o ácidos, pero en tierra caliza pierden eficacia y acabas tirando el dinero.

Hay muchas marcas, pero yo compro esta en Amazon y sale bastante bien de precio. Ten en cuenta que sea Fe-EDDHA

Cómo lo aplico

  1. Disuelvo la dosis que indica el fabricante en agua. Tengo una regadera de 6 litros y puesto que la dosis en este caso es media cucharada por cada litros de agua, añado tres cucharadas del quelato y lo mezclo bien.
  2. Riego primero la tierra para que esté húmeda, ayuda mejor a que la mezcla que voy a echar a continuación se absorba y no resbale por escorrentía.
  3. Echo la mezcla alrededor de la planta, en la zona de las raíces, nunca sobre las hojas.
  4. Lo hago al atardecer, porque la luz degrada el quelato.
  5. Lo hago en primavera, cuando empieza a brotar, y lo repito si hace falta.

Y un aviso importante: nunca, nunca te pases de la dosis. Más quelato no significa más verde, y además mancha de rojo el suelo, las baldosas y la ropa. Lleva precaución con el líquido restante que queda en la regadera, porque yo alguna vez me he manchado con él.

El rescate rápido: abono foliar

Si la planta está muy amarilla, un abono foliar con hierro pulverizado sobre las hojas da un empujón rápido. Eso sí, su efecto dura poco, así que úsalo como complemento del quelato, no como sustituto. Aplícalo al atardecer, nunca a pleno sol, para no quemar las hojas.

Cuánto tarda en notarse

Las hojas nuevas suelen salir verdes en unas semanas. Las que ya estaban muy amarillas a veces no recuperan del todo el color, así que no te desanimes: fíjate en los brotes nuevos. Si lo detectas temprano y lo corriges, es posible que el arbusto se recupere antes de florecer.

Cómo prevenir la clorosis férrica

Lo cierto es que más vale prevenir que andar persiguiendo hojas amarillas. Esto es lo que mejor me funciona para prevenir la clorosis férrica:

  • Riega con agua de lluvia siempre que puedas. El agua del grifo en zonas mediterráneas suele ser dura y sube el pH de la tierra con cada riego. Pero, como no tengo mucho sitio donde almacenar el agua de lluvia, a veces uso como alternativa añadir unas gotas de vinagre a la regadera o un poquito de ácido cítrico. En realidad así solo soluciono el tema de las plantas en maceta, con las del suelo no daría abasto.
  • Añade materia orgánica. El compost y el humus de lombriz mejoran la tierra y ayudan a que la planta absorba mejor el hierro.
  • No te pases con el riego. Unas raíces encharcadas no absorben bien, así que riega poco pero bien. Un riego por goteo, en profundidad, ayuda mucho a controlar las cantidades.
  • Elige plantas adaptadas a tu suelo. Si tu tierra es caliza, las mediterráneas te darán muchas más alegrías que una hortensia o una camelia. Y si te encaprichas de una planta de suelo ácido, mejor en maceta, con sustrato para acidófilas.
  • Da una dosis de quelato en primavera a las plantas que ya la han sufrido otros años, antes de que aparezcan los síntomas.

Si quieres ver cómo cuido el resto del jardín, lo cuento todo en mi balance de los cuidados del jardín en clima mediterráneo.

Errores que cometí para que tú no los cometas

No nací sabiendo, y mi jardín tiene algunas cicatrices que lo demuestran. Estos son mis errores más destacados con la clorosis:

  1. Comprar cualquier tipo de quelato de hierro. En la tienda hay quelatos de varios tipos (EDTA, DTPA, EDDHA…) y muchas veces he comprado el más barato o el primero que he visto. Leyendo y experimentando he comprobado que en suelos calizos, solo el Fe-EDDHA funciona de verdad; los demás pierden eficacia con el pH alto, y la planta sigue amarilla aunque la estés tratando.
  2. Dejar el quelato esparcido en la superficie expuesto al sol. El quelato Fe-EDDHA se degrada con la luz. Si se espolvorea sobre la tierra y no se riega después, o se aplica en pleno día sobre tierra seca, buena parte se pierde antes de llegar a las raíces. Lo correcto es disolverlo en agua y regar con él, o regar bien justo después de echarlo, para que se meta en la tierra.
  3. Tratar una vez y olvidarme. La planta mejora, las hojas nuevas salen verdes… y me relajo. Pero en un suelo calizo las causas siguen ahí (el pH alto, el agua dura), así que la primavera siguiente vuelve a aparecer. El truco es dar una dosis preventiva cada primavera a las plantas que ya la han sufrido.

Conclusión: la clorosis férrica tiene arreglo

Todos nos hemos preocupado mucho la primera vez que descubrimos la clorosis férrica en nuestras plantas, pero en cuanto aprendes a reconocerla, la pillas a tiempo y la corriges sin dramas. Fíjate en las hojas jóvenes, elige un quelato Fe-EDDHA, riega con cabeza y, si puedes, con agua de lluvia.

Hoy mi trachelospermum luce verde y feliz. Las tres últimas primaveras ha brotado verde sin ningún problema y ha florecido como si no hubiera un mañana.

¿Y tú, has tenido alguna planta con clorosis? Cuéntame en los comentarios cuál fue y cómo la salvaste, que entre todos aprendemos más.

Mónica Marco

Mónica Marco

Jardinera de vocación desde hace más de 30 años, soy la fundadora y editora de este blog. Guía de Jardín, nace con la idea de divulgar mi experiencia con el jardín, y la intención de ayudar y motivar a los lectores en la práctica de la jardinería.

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