El prestigioso paisajista Dan Pearson se ocupa, desde hace más de 20 años de la evolución del jardín de Torrecchia Vecchia, a pocos kilómetros de Roma. El paisaje decadente y descuidado de este paraíso romántico no es simple resultado del azar, sino de la intención de resaltar la belleza de la naturaleza salvaje.

Caminos de hierbas

La propiedad de Torrechia Vecchia, con más de 600 hectáreas de extensión, alberga un castillo en ruinas y una aldea amurallada. En 1991, después de muchos años de abandono, fue adquirida por Carlo Caracciolo, creador y propietario de uno de los principales grupos editoriales de Italia. Dicen que el “principe editor”, sobrenombre con el que se le conocía por sus raíces aristocráticas, la compró sin haberla visto, para hacerle un favor financiero a un amigo que necesitaba liquidez. Caracciolo tenía intención de venderla de nuevo, pero cuando él y su esposa Violante la visitaron por primera vez, la belleza silvestre del lugar los cautivó de inmediato y decidieron quedarse con ella.

Ruinas del castillo medieval

Violante deseaba crear un jardín agreste y romántico, al estilo del cercano Jardín de Ninfa, lleno de rosas inglesas perfumadas encaramadas sobre los muros de las ruinas. Encargó a Lauro Marchetti, director del Jardín de Ninfa, que supervisara la restauración de los viejos edificios y el diseño de Torrechia. Año y medio duraron los trabajos para liberar las ruinas de zarzas, buscar un pozo que suministrara agua a la propiedad y crear un embalse para el riego. En este tiempo también se construyó el arroyo que desciende por la pendiente del terreno, formando un juego de cascadas con gunneras, gigaros, iris y lirios de agua, hasta llegar a la piscina en el fondo del jardín.

Estanque con iris

Llegó el día en que Lauro no pudo continuar el proyecto y Violante tuvo que encargar a otro diseñador el trabajo. En 1995, conoció a Dan Pearson en el RHS Chelsea Flower Show, quien ante ante su apasionada insistencia, acudió a Roma. En cuanto Pearson descubrió las características del lugar, aceptó el proyecto.

Rosales encaramados a los viejos muros

Según Pearson, Violante tenía muy claros los fundamentos del diseño: una paleta de colores verde y blanco inspirada en la naturaleza silvestre del lugar. Las plantas indispensables eran Rosa ‘Madame Alfred Carrière’ y Wisteria floribunda ‘Alba’, que treparían libremente por las ruinas, árboles y cenadores. Entre los robles del lugar, a la pradera natural de menta y melisa, se agregaría valeriana blanca, dedaleras y lunarias. El jardín debía fundirse con la naturaleza sin dejar ver con claridad dónde acaba el jardín y dónde comienza el bosque.

Jardín de entrada en Torrecchia Vecchia

Las dos hectáreas de vergel comienzan con un patio de entrada formal en la parte delantera de la villa, con granados esculturales, setos recortados y árboles de alcanfor que proporcionan sombra en los días calurosos. En la parte trasera de la casa, el jardín fluye cuesta abajo con praderas ondulantes cubiertas por árboles. Al llegar a la parte inferior, un tranquilo estanque refleja la luz moteada por las copas de dos cerezos japoneses, y las flores de una Davidia involucrata se mecen con la brisa como pañuelos blancos.

Davidia involucrata

Las ruinas de la antigua aldea asoman entre la vegetación. Algunos edificios están totalmente deruidos, mientras otros aún son reconocibles como casas con ventanas y puertas aún intactos. En algunas paredes desnudas crece una pátina de líquenes y musgo, otros están cubiertos con rosales y otras trepadoras. Encerrada entre viejos muros, Dan construyó una piscina rectangular elevada que refleja las paredes y el cielo.

Jardín de amapolas

En 1999, Dan Pearson designó al jardinero británico Stuart Barfoot, para continuar el trabajo bajo su dirección. En el año 2000, tras la muerte de Violante, Carlo se implicó en la siguiente fase del jardín. El magnate quería más colorido, manteniendo la paleta restringida cerca de la casa. Stuart introdujo otras tonalidades más abajo: un bancal de flores silvestres salpicado con acianos y manzanilla; borduras de amapolas; y otro borde de salvias, amapolas caucásicas y alondras moradas alrededor de la piscina.

Wisteria blanca en Torrecchia Vecchia

Stuart dejó Torrecchia Vecchia en 2007 para ir a estudiar paisajismo en Londres. Poco depués de su partida, Carlo murió, dejando la propiedad en herencia a su hijo Carlo Revelli y su esposa Olivia. Los nuevos cuidadores de Torrecchia, enamorados de la hacienda, mantienen su legado junto al jardinero Angelo Mariani. Para su nueva propietaria, el jardín es fabuloso en primavera, por la explosión de flores, pero cada estación tiene un encanto especial. Es un jardín que no se muestra completamente con la primera visita, aparecen nuevos detalles cada vez que se atraviesa, descubriendo nuevas luces y perspectivas.

Senderos y praderas bajo los robles

Y como cualquier jardín, nunca está terminado. Carlo y Olivia trabajan de nuevo con Dan Pearson nuevamente para abrir una zona nueva más allá de la piscina inferior, donde se están limpiando y restaurando las ruinas de una pequeña capilla medieval. Después de supervisar el progreso de Torrechia durante dos décadas, Dan continúa trabajando para cubrir una nueva etapa. Según el paisajista, la atmósfera del jardín ya maduro, después de sus veinte años de evolución, es más potente y emocionante que cuando lo visitó por primera vez.

Zona de descanso en Torrecchia VecchiaMuro con rosas en Torrecchia VecchiaPequeñas margaritas de erigeronBosque y arroyo de Torrecchia VecchiaPabellón principal en Torrecchia Vecchia

Tanto el jardín como la propiedad se pueden visitar, pero en grupos organizados. Para apuntarse hay que rellenar el formulario de contacto de la web oficial.

Imágenes: wikimedia, houseandgarden