La Abadía de Notre-Dame de Sénanque es una comunidad de monjes cistercienses que habita un edificio de arquitectura típica desde sus orígenes en el siglo XII. La belleza de la construcción y su ubicación son impresionantes y acentúa el cuidado con el que los religiosos trabajan los campos y jardines adyacentes. El lugar es uno de los preferidos por los viajeros que visitan la región de la Provenza, en Francia, y se puede recorrer (parte del interior y los jardines) en visitas guiadas. Teniendo en cuenta que el lugar es de naturaleza religiosa, las visitas se realizan respetando el modo de vida de sus moradores.

En sus orígenes, el monasterio se basaba en la economía autosuficiente y los monjes vivían al margen de la sociedad, abastecidos con lo que eran capaces de producir. En la actualidad siguen las reglas económicas generales ylos hermanos de Sénanque tienen dos segmentos de negocio: la agricultura (lavanda, miel, forestal) y el turismo, ambos propiciados por la generosidad de la naturaleza circundante.

El lavandín (Lavandula hybrida Reverchon) se cultiva Sénanque desde finales de los años 60, se trata de una variedad híbrida entre Lavandula officinalis y Lavandula latifolia que se reproduce mediante estacas y prospera muy bien en suelos rústicos. La floración se produce a finales de junio y en julio se cosecha para llevarla a la destilería, donde se extrae el aceite esencial. ¿Te imaginas el aroma que flota en el aire durante esas fechas?

Sénanque es uno de los lugares que me hubiera gustado visitar en nuestro viaje por la Provenza durante el pasado año, pero al no viajar en fechas de floración de la lavanda lo dejamos pasar para otra ocasión. Según he podido leer, el momento ideal es finales de junio o principios de julio, después las plantas de lavanda ya están podadas, y el paisaje, aunque bello, ya carece del atractivo color azul de las flores.

En los alrededores hay muchos lugares donde alojarse, sobre todo casas rurales llenas de encanto al más puro estilo provenzal. Nosotros nos hospedamos en una de ellas cerca de la ciudad de Grasse y tanto la estancia como el viaje fueron una delicia. Grasse está en las faldas de los Alpes Marítimos y allí, en las montañas, la floración de la lavanda se atrasa hasta finales de julio.