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A pesar de que no soy muy fan de las simetrías, confieso que la perfecta disposición de este jardín a ambos lados del camino de entrada me ha dejado fascinada. El equilibrio perfecto de los cipreses, la disposición compensada de las macetas con topiaria confieren un ritmo que invita a adentrarse seducidos por la armonía del entorno. Y no es para menos, estamos en uno de los sitios más bellos del planeta, a los pies de los Alpes italianos y justo a la orilla del lago Como.

Paul&Elizbeth

Gracias a su clima mediterráneo, crecen allí muchas plantas subtropicales, entre otras, palmas, limoneros, cipreses y olivos. Comentan que este precioso escenario natural, un valle fértil rodeado de altas montañas fuese posiblemente el paisaje de fondo que Da Vinci escogió para su cuadro la Mona Lisa. Cierto o no, seguro que el mismísimo Leonardo se enamoraría de tanta belleza.

El jardín que hoy nos atañe pertenece a una propiedad que a mediados del siglo XVI se registró a nombre de los más famosos ciudadanos de Como, Paolo Giovio. Antiguos documentos especifican que Giovino estableció en Villa Balbiano su hogar junto a terrenos de cultivo donde crecían moras, olivos y limoneros.

Hacia finales de siglo la villa fue vendida al Cardenal Tolomeo Gallio quien construyó un nuevo edificio diseñado por Pellegrino Tibaldi. El diseño original de la fachada y la parte que da al monte fueron retocados más tarde por Marco Gallio quien además diseño los jardines que rodean la casa.

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La fachada, de líneas sencillas y sobrias, tiene algunos ornamentos de piedra gris y se refleja en la lámina de agua frente a la casa, donde existió un faro con campanas y un reloj que fue destruido el pasado siglo.

La villa está rodeada por jardines con estatuas y fuentes. En la entrada principal destaca un nymphaeum con iris azules que da paso a un camino bordeado por setos de boj tras los cuales crecen los altos y esbeltos cipreses. Palmeras, wisterias y olivos olorosos (Olea fragans) son otros de los arbustos presentes en este jardín.

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En tiempos del Cardenal Durini, en Villa Balbiano se celebraban habitualmente grandes fiestas para divertir a la frívola sociedad de finales de siglo XVIII.