¡Buenos y jardineros días! Aunque estamos en pleno invierno, el clima cálido de esta región invita a salir al jardín y, dando una vuelta por él, valoro el trabajo que hay que hacer durante estos días. Ya comencé las tareas propias de esta época la semana pasada, pero voy despacito y aprovecho las horas en que el sol da de lleno para que el trabajo resulte más agradable.

Hay pocas plantas que ahora estén en flor y los colores que destacan en el jardín son el verde de las hojas y el amarillo de aeoniums y eurypos que constituyen un auténtico banquete para las abejas. Mientras ellas (y yo) disfrutan de las flores, observo las hojas secas y tallos muertos que debo eliminar.

Durante el invierno el riego automático suelo desconectarlo, la mayoría de las plantas que hay en el jardín tienen suficiente con la humedad que cae durante la noche. De vez en cuando doy un riego con manguera y al acercarme a las plantas para regarlas aprecio mejor su estado y los cuidados que necesitan. Es curioso como, con la experiencia, llegas a saber qué le está faltando a una planta sólo con mirarla…, o eso creo, aunque a veces me equivoco 🙂

La polygala se ha hecho enorme, no ha parado ni un momento de crecer y dar flores. Ahora que parece más parada es el momento de recortarla para reducir su tamaño y mantenerla compacta. Los evonimos, junto a ella, agradecerán una pasada de tijera para volver a su forma redondeada.

La lantana montevidensis nota la calidez de los rayos del sol y parece que quiere volver a florecer.

Ahí, bajo todo ese trébol, hay una santolina que se ahogará si no la libero pronto. Todas estas plantas de trébol son Oxalis pes-caprae que invaden mi jardín todos los inviernos muy a mi pesar. No es que no me gusten, producen una flor amarilla que tiene su encanto, pero son una auténtica plaga en mi terreno.

Por la zona baja de la rocalla los senecios han crecido mucho. He pensado recortarlos y aprovechar algunos esquejes para zonas donde tengo algunos huecos, me encanta el contraste de las dos tonalidades. En el cubo de cinc, hay un kalanchoe cuya variedad no recuerdo. Lo cierto es que está desbordando el recipiente y también me puede servir para repetirlo en alguna otra zona. El borde de las hojas se vuelve así de rojo en invierno.

¡Ufff…, cuánto trabajo me espera con las macetas! Algunas hace años que tienen la misma tierra y necesitan ya un cambio. Además está esa palmerita que cualquier día se sale del tiesto, la maceta se queda pequeña para sus raíces que al crecer empujan el tronco hacia arriba. Ya la cambié de maceta el año pasado y me temo que toca hacerlo de nuevo.

Las suculentas continuarán ahí, en esas pequeñas macetas que no les van mal aún. Y la hortensia, ya hice su trabajo y estoy esperando ver el resultado para mostraros cómo la reduje de tamaño y renové la tierra.

El arriate de la terraza lo acondicioné la semana pasada para mejorar el sustrato añadiendo abono orgánico, os lo enseñé en esta entrada. Ahora me he dado cuenta que la clematis está produciendo nuevas ramas con tal vigor que parece que salgan disparadas. Es momento de cortar lo viejo y deshacerme de las hojas antiguas que están medio secas y no han caído por sí mismas.

La mesa de cultivo continúa abasteciéndonos de espinacas y lechugas…, aunque debería decir lechuga, en singular. El día de Reyes me pareció una fecha ideal para sacar una de ellas y preparar una buena ensalada. Las espinacas las corto poco a poco, recojo las hojas más grandes y dejo las pequeñas en la planta hasta que crecen. Las preparo con bechamel y queso gratinado y están deliciosas.

Y esta de aquí abajo es mi compañera en cada salida al jardín. Hoy estaba nerviosilla y no paraba de rebuscar algo que olfateaba sin cesar. Unos buenos revolcones sobre el césped ayudan a relajarse y por fin se quedó tranquila tomando el sol.