¡Buenos días, jardineros y horticultores!

Hoy el tema va más de huerto que de jardín. Eso sí, de huerto pequeño, el mini huerto que tengo en la mesa de cultivo. Es increíble la satisfacción que produce cultivar dos lechugas, cuatro cebollas, un puñado de espinacas y dos matas de guisantes. Ese es mi inventario hasta el día de hoy. 🙂

Las lechugas cayeron ya hace semanas, las  espinacas parecen eternas si sólo vas cortando las hojas que te has de comer, las cebollas siguen enterradas engordando lentamente y los guisantes están produciendo flores y vainas llenas de pequeñas bolitas que son un primor.

Cuando vi las flores me llevé una alegría, después llegó el temporal de viento frío y pensé que los guisantes no llegarían a buen término. Pero unos cuantos días más tarde, al asomarme para hacer fotos a las flores, descubrí algunas vainas pequeñas que comenzaban a asomar por la base de unas flores.

No puedo contar más de momento, soy muy novata y no sé el tiempo que hay que dejarlos madurar y cuando he de recogerlos. Según he leído tardan entre dos y tres semanas desde que florecen, pero se nota a la vista y el tacto cuándo están en su punto óptimo.

La vaina madura debe estar carnosa, tener forma redondeada y tacto aterciopelado. Vamos, cómo los solemos encontrar a la venta ¿verdad? De momento os enseño fotos de las matas, de aquí unas semanas podré enseñaros los guisantes que recoja. No serán muchos, pero con saborear un puñado de ellos me conformo 🙂

¡Ah! Quizás en las fotos hayáis notado que los cultivo sin tutores, también he leído que no es lo ideal, que es mejor ponerles unas cañas por las que puedan trepar enganchando sus zarcillos. Parece ser que hay que evitar que toquen la tierra para que no se pudran y produzcan más. En mi caso, como la mesa está en alto, las plantas cuelgan y no tocan el sustrato. Me gustaron verlos colgar y así se han quedado.