Hoy no para de llover. Llueve con tanta intensidad que el agua encharca muchos rincones del jardín. Eso me hace pensar que, en cuanto se pueda salir a trabajar, debo comenzar a arreglar esos lugares donde la tierra está demasiado apelmazada. Mi mente ya está calculando los sacos de estiércol que debo traer y a la vez, me imagino cómo crecerán en esos sitios el césped y las plantas cuando llegue la primavera. El agua que cae hoy es agua bendita para mi pobre jardín que, desde hace meses, solo recibía agua de riego.

Estos días de invierno en los que el jardín solo se puede observar desde detrás de la ventana resultan melancólicos, el pensamiento te lleva de las imágenes reales de la última primavera  a las imaginarias de la próxima. Soñar el jardín es común entre los jardineros, fantaseamos con el éxito de los bulbos que enterramos en otoño, convertidos en nuevos jacintos, tulipanes o gladiolos. Imaginamos nuevas rosas y hasta podemos sentir su aroma. Yo incluso imagino la forma en que guiaré la glicinia o la primera poda que necesitará el olivo.

Ahora que enero ya está casi terminando (parece mentira lo rápido que ha pasado), parece que los días duran un poquito más. Hay algunos minutos más de luz y aunque los días son todavía cortos, se nota la tendencia a alargar. El camino hacia el equinoccio parece más claro, y el jueves 20 de marzo a las 12:57, en el hemisferio norte, daremos la bienvenida a la primavera.

Hoy hemos pasado un domingo casero, sin salir ni un ratito al jardín. No nos molesta la lluvia, pero el viento y el frío lo hace incómodo. Hace ya tiempo que faenamos poco afuera y la verdad es que se echa de menos. La verdad es que tenemos ya ganas de algún rato de temperaturas templadas para salir a trabajar. Tenemos cosas que organizar fuera para recibir la primavera como debe ser, con todo preparado para que el jardín brille con hojas nuevas y flores.

Nosotras tenemos ganas enormes de primavera,

¿no te sucede a ti igual?