Después de días de inestabilidad, frío, lluvia y un fuerte constipado que no dio tregua durante varias semanas, por fin parece que tanto el clima como yo levantamos cabeza y tengo un ratito para salir y observar la primavera firmemente instalada en el jardín. Tengo la impresión de que ha llegado lenta, pero quizás la causa sea mi estado de ánimo que estos días no ha sido el mejor.

Las hortensias, uno de los más preciados regalos que tengo en el jardín

Este año no se ha producido el estallido de otras temporadas que de repente todo estaba lleno de flores. Este pasado invierno tan atípico, más caluroso de lo normal, y una primavera que en sus albores resultó más fría que el propio invierno deben ser los causantes. Quizás por eso hasta yo esté pasando estos días algos bajos, con una astenia que no recordaba haber sufrido antes. Pero no hay mal que cien años dure y aquí estamos de nuevo, disfrutando de días mejores.

Os dejo una fotografías del jardín y os deseo con ellas un fin de semana muy feliz. Yo voy a ello, a sacudirme de encima las desganas y a ponerme las pilas, que hay por delante muchísimos días de sol, de esos largos, largos que tanto me gustan. Para empezar voy a buscar mi ropa de verano, a quitarme estas mangas largas que todavía llevo y a dejarme acariciar por los rayos solares y dar algún paseo observando el maravilloso paisaje que me rodea.