No todo el mundo tiene la oportunidad, ni el reto, de crear un jardín en el centro de un extenso parque diseñado a mediados del siglo XVIII por Capability Brown, el máximo exponente del diseño del Jardín Inglés. Pero este fue el desafío que afrontó Caroline Egremont en 1978, después de casarse con el novelista Max Egremont y mudarse a la casa de su familia, Petworth House, una imponente mansión del siglo XVII en West Sussex.

Cuando Caroline llegó a la casa sabía poco sobre jardinería. Sin embargo, tenía claro que quería hacerlo por ella misma. Resolvió diseñar su jardín familiar junto a la zona de la casa que ellos ocupaban para crear una sensación de intimidad y privacidad, en contraposición con el resto de los jardines que están abiertos al público y por los que suelen pasear muchas personas a diario.

Cuando Lady Egremont llegó, el jardín privado consistía en una pradera verde dentro de un enorme jardín amurallado de 4.000 m2 construido en siglo XVII. En la época victoriana en él se cultivan frutas y verduras, pero en la década de 1970 la mayor parte del jardín se había convertido en un prado cubierto de césped con una antigua cancha de tenis en ruinas. A Egremont, ahora diseñadora de jardines por derecho propio, le parecieron fabulosas las paredes de suaves ladrillos suaves de 3 metros de altura. Enseguida se dio cuenta de que allí quería construir su jardín.

Fueron muchos años de trabajo, pero Caroline dividió aquel gran jardín en espacios diferentes con distintas atmósferas. También transformó el aspecto de campo de golf de la extensa pradera creando senderos sinuosos y plantando miles de bulbos de primavera y de verano.

Donde antes estuvo la pista de tenis, ahora resplandece el Cloister Garden (jardín enclaustrado), con dos magníficas pérgolas por las que trepan glicinias blancas (Wisteria floribunda “Alba”) que florecen durante los meses de mayo y junio. Las flores son impresionantes y también son curiosas las vainas de semillas colgante que les suceden.

John Brookes, diseñador de jardines y mentor de Egremont, fue quien le sugirió la ideas de hacer el jardín de grava central. Los guijarros permiten caminar alrededor de las plantas y disfrutarlas por todos lados. Entre la grava crece verbasco, lavanda, iris, jaras, agapantos, yuca, romero y rosas Gallica rodeando un estanque octogonal alimentado por un manantial.

El lugar ya era un bellísimo paisaje diseñado por el genio Capability Brown pero algo venido a menos por muchos años de despreocupación. Caroline Egremont hizo su propia transformación y le dio una vida nueva a un jardín abandonado. ¿No os parece precioso?

Imágenes: Countrylife