Ayer comenzó a llover…, es la primera lluvia de otoño y lleva ya dos días sobre el jardín. ¡No sé quien está más contenta si yo o las plantas! A las rosas abiertas no les sienta bien del todo, el peso del agua acumulada entre sus pétalos les hace cabecear y doblarse hacia abajo. Alguna está prácticamente tocando el suelo. El cielo plomizo, el frío y el suelo mojado no invita a salir de casa, pero no me resisto a acercarme a las plantas para recomponerlas un poco.

Este capullo de rosa Evelyn es el refugio ideal para una araña diminuta que se siente intimidada cuando me acerco. No sé qué tienen estas rosas que atraen tanto a estos pequeños insectos, me las encuentro muchas veces escondidas en su interior. ¿Os acordáis de la araña y la rosa que fotografié este verano?

Resulta gratificante volver a ver la lluvia después de tanto tiempo, las plantas las necesitan y nosotros también. El agua es fuente de vida y motivo de alegría cuando cae del cielo como lo hace estos días.