La glicinia es un arbusto trepador, de hoja caduca, que puede alcanzar los 15 metros de altura. La belleza de sus flores, en tonalidades malva o blancas, la hace ideal para decorar fachadas y pérgolas. Pero cuidado, se trata de una planta muy vigorosa que con los años puede llegar a romper el soporte que la sujeta si no se tiene cuidado.

Para mantener la glicinia controlada y además favorecer la floración del siguiente año, se debe podar la planta cuando ha perdido sus hojas. Se deben cortar los tallos nuevos a partir de la segunda yema y desenredar los que se enroscan por el soporte.

Esta planta se adapta bien a todo tipo de suelos aunque prefiere los arcillosos bien drenados y que retengan la humedad. En cuestión de plagas y enfermedades no es demasiado delicada, aunque podría verse atacada por cochinilla y pulgón. Al primer signo de infestación conviene poner medidas para que no se propage.

En este enlace puedes encontrar más información sobre los cuidados de la glicinia.

Si te interesan los detalles para hacer una buena poda que ayude a su buen desarrollo,

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