El año nuevo trae a menudo propósitos y planes para hacer cambios positivos en nuestras vidas, ya sean referentes a la salud, la familia o el trabajo. En lo personal, yo solo me he marcado un par de propósitos para este año: uno es hacer más ejercicio, para ello me he apuntado a la piscina; y el otro implica a mi hijo pequeño, adolescente, y va a suponer más esfuerzo que lo primero. Cualquiera que tenga un hijo de 15 años en casa se puede imaginar.

En lo referente al jardín, un par de años atrás elaboré esta larga lista de intenciones que todavía no he completado y voy traspasando de un año al siguiente. Aunque he conseguido mejorar la terraza instalando mi pequeño huerto, he pintado las puertas de hierro, arreglado el riego para que ninguna planta pase sed y mi colección de suculentas ha aumentado considerablemente, todavía no he instalado ni la fuente ni la pérgola. Pero si no lo he hecho, es porque no era necesario y el jardín se construye y mejora sin prisas, disfrutando poco a poco de todo lo que nos proporciona, que es mucho.

Durante el 2017 he vivido la experiencia deplantar y cultivar un huerto. Uno pequeño, pero que nos ha regalado sus frutos durante los meses de verano. Ahora, entrando en un nuevo año, estamos comprobando que las hortalizas de invierno son otra historia, al menos aquí. Con menos horas de sol, las plantas van despacito, las hortalizas van atrasadas y no sabemos ni cuando florecerán. Pronto dedicaremos un artículo a ellas.

Hoy es día de estrenar año y de pensar en toda la gente que apreciamos para enviarles nuestros mejores deseos. Esperamos que el nuevo año sea bueno con todos vosotros, que no os falte la salud y que dentro de 365 días estemos celebrando otro más. Gracias por estar con nosotras al otro lado de la pantalla y por todo el cariño que nos hacéis llegar en vuestros comentarios, emails y mensajes en las redes.

¡FELIZ 2018!