Los que me seguís seguro que sabéis que yo tenía en el jardín anterior una pequeña zona con hierba. También ahora, en la nueva configuración del espacio, he incluido una alfombra verde que proporcione frescura y naturalidad al lugar. Pero en esta ocasión, en lugar de sembrar una praderita de césped he preferido buscar otra alternativa. 

césped de gramineas

Las gramíneas requieren mucha humedad, cosa que en mis veranos no abunda y tendría que regar muy a menudo, con un gran consumo de agua. Otro motivo importante que me ha llevado a tomar esta decisión ha sido el deseo de cultivar algo que no crezca tanto para así segar con menos frecuencia.

Después de consultar con el jardinero e investigar por mi cuenta, llegamos a la conclusión de que dos alternativas serían buenas: Dichondra repens y Trifolium repens. Ambas son plantas rastreras de hoja pequeña que crecen tapizando el terreno y las dos tienen una altura máxima mucho menor que el césped, aunque el Trifolium es algo más alto que la Dichondra.La dichondra fue la primera opción en la que pensé, pero el jardinero me comentó que en invierno podía perder las hojas y quedarse solo en unos hilos parduzcos sobre el terreno. Para evitar ese suelo desnudo nos planteamos combinarla con trébol blanco (Trifolium repens) que es perenne y soporta la sombra (aunque tengo poca) mejor que la dichondra.

Con la decisión tomada preparamos el terreno y esparcimos las semillas, cubrimos con mantillo orgánico y comenzamos los riegos de germinación. Lo que yo llamo “riegos de germinación” es la secuencia de riegos cortos y frecuentes que hay que dar a las semillas para mantener el suelo húmedo y favorecer que germinen. Yo, para esta mezcla, regaba tres veces al día. Pero (problema!) sembrábamos en pleno verano, y con el intenso calor que hacía más el sustrato contínuamente húmedo, los hongos aparecieron bastante pronto.

sembrar cesped

Cuando las plantitas comenzaron a asomar, los hongos hicieron su agosto y afectaron a un par de zonas. Se reconoce enseguida porque aparecen manchas con forma de círculo y las plantitas de mueren. Por fortuna lo descubrimos a tiempo y, aplicando un fungicida sobre el suelo y suprimiendo el riego del medio día, el problema se solucionó. Resembramos en esas zonas después de retirar lo muerto y poco a poco todo volvió a la normalidad. Yo pienso que estos problemas no se hubieran producido de haber podido sembrar en primavera, cuando el suelo aún está fresco y las temperaturas son templadas. Pero no tenía otra opción, o me arriesgaba o tenía que esperar hasta el otoño para sembrar y tener esa zona verde.

La experiencia durante estos tres escasos meses que tiene esta pradera tiene más “pros” que “contras”. Las semillas germinaron bastante rápido, en pocos días ya se apreciaban los cotiledones de las plantitas y en un par de semanas ya se extendía una tenue capa verde sobre la zona. Pasado un mes ya pisábamos sobre las plantas, con cuidado todavía, y en dos meses dimos el primer corte para estimular el crecimiento.

Salvia y césped

Ahora, tres meses después de la siembra, el aspecto es de un suelo cubierto de una alfombra verde que no crece mucho más de 10 cm de altura. Tanto la dichondra como el trébol tienen más crecimiento en horizontal que a lo alto, ambas soportan bien el pisoteo y ninguna de las dos necesita tanta agua como las gramíneas.

De momento me siento muy satisfecha con la elección, a pesar del problemilla de los hongos que no hubiera tenido con la grama. Con el tiempo podré contar más impresiones, de momento lo dejo aquí. En próximas entradas os hablaré más en detalle sobre las plantas elegidas: Trifolium repens y Dichondra repens. Os dejo algunas imágenes de distintos momentos. Por cierto! El trébol blanco produce pequeñas florecitas blancas como la de la siguiente imagen.

trébol enano