Con la primavera llega la explosión de colores al jardín. Las plantas se llenan de flores, el verde del follaje es más brillante que nunca y el aroma, en el aire, se vuelve intenso y embriagador. Esta es la estación que todos los jardineros esperamos con ganas, y la favorita de casi todo el mundo. Después de meses de clima frío y días cortos, vuelven las temperaturas agradables y las tardes largas que nos permiten disfrutar más de la naturaleza. 

Es un hecho conocido que pasar tiempo en espacios verdes o incorporar la naturaleza en nuestro día a día es beneficioso para el ser humano. Las plantas y el aire libre nos proporcionan bienestar, tanto mental como físico. Ocupaciones como cultivar alimentos o flores, hacer ejercicio al aire libre o estar cerca de animales puede tener muchos efectos positivos.

Durante la primavera y el estío tenemos la posibilidad de realizar estas actividades, pero cuando llegan las estaciones frías ya no es tan fácil, porque pasamos muchas más horas refugiados en el interior de nuestras casas. Aún así, las personas buscamos el contacto y la visión de lo natural con algunos elementos que introducimos en la decoración de nuestros hogares: plantas de interior, jarrones con flores o papeles pintados botánicos, por ejemplo.

 

Desde hace siglos, el hombre ha vivido fascinado por la estética de las plantas y ha indagado la manera de mantener la belleza efímera de las flores en soportes duraderos para adornar el interior de las casas. Ya en la Edad Media, en los hogares adinerados, los muros se pintaban con frescos representando motivos florales, o se cubrían con tapices de seda bordados con cornucopias rebosantes de frutas y exuberantes ramos de rosas. Los avances en las tecnologías de impresión del siglo XVI  trajeron consigo el uso generalizado del papel tapiz.

Los motivos tomados de los caros damascos que adornaban las paredes de las residencias aristócratas se copiaron en bloques de papel para los hogares más humildes. A la vez que los europeos imprimían sus papeles decorativos, los ingleses comenzaron a importar unos papeles pintados hechos en China que pronto dominarían el mercado de revestimientos de paredes de lujo. A diferencia de los papeles pintados fabricados en Europa, los papeles chinos estaban pintados a mano, no impresos, y presentaban escenas pictóricas a gran escala y sin repetición. 

Los primeros papeles tapiz chinos

Si recordáis, hace algún tiempo dediqué una serie de entradas a Chatsworth House, una de esas grandes mansiones inglesas rodeada por un parque de belleza casi infinita. Gran Bretaña está llena de fabulosos jardines y grandes casas señoriales, pero ésta es una de mis favoritas. Puede que la historia que hay tras ella influya en mi opinión, sobre todo la concerniente al sexto duque de Cavendish con su jardinero y amigo Joseph Paxton, unidos en su pasión por la horticultura.

En plena era de los descubrimientos botánicos, estos dos personajes tenían obsesión por coleccionar plantas exóticas totalmente desconocidas en Europa. Tal era el entusiasmo que sentían por aquellas plantas que además de cultivarlas en el jardín, decoraban el interior de la mansión con preciosos papeles chinos pintados a mano con motivos vegetales. En esta casa destaca la belleza que el papel aporta a dos estancias: el dormitorio Wellington y el Leicester, llamados así en honor de los ilustres huéspedes que se hospedaron en ellas. La imagen procede de Pinterest.

 

A finales del siglo XVII predominaban los estilos decorativos orientales conocidos como Chinoisere o Chinería. Los motivos y técnicas de estos papeles pintados importados inspiraron una moda que duró más de un siglo. Durante aquellos años en ninguna de las grandes casas de Europa faltaba, al menos, una habitación decorada con papel chino. Con sus temas exóticos de paisajes, árboles en flor poblados de pájaros y mariposas, o arbustos de rosas y peonías, con sus ricos colores y los finos detalles artesanales, eran diferentes a lo que el mercado continental ofrecía en ese momento. Pero su alto precio hacía que solo los ricos se los pudieran permitir. 

Decoración botánica en el siglo XIX

Con el transcurrir del tiempo, los fabricantes ingleses y franceses comenzaron a capitalizar la moda del papel pintado consiguiendo imitar aquellos diseños chinescos en rollos de papel. Confeccionaban papel tapiz de mejor calidad pero fabricado con máquinas, para que fuera más asequible. El estilo consiguió filtrarse en hogares más modestos con patrones de pájaros, flores y linternas chinas de colores brillantes. A finales del siglo XIX, el gusto por los papeles pintados chinos comenzó a decaer, pero los motivos favoritos seguían siendo los que reflejaban la naturaleza. Destacan las creaciones de Williams Morris, líder del movimiento Arts&Crafts, con modelos muy naturalistas pero radicalmente opuestos al estilo oriental. 

Papeles pintados para llenar paredes con motivos naturales

Los papeles pintados siguen en boga y en la actualidad se emplean para traer la exuberancia del jardín al interior de nuestras casas, con una decoración inspirada en las plantas y la vida silvestre. Los revestimientos botánicos en las paredes evocan flores, hojas y pequeños animales con patrones realistas o abstractos, pero siempre inspirados en la naturaleza. Una manera de mantener dentro de casa la calidez de la primavera cuando lleguen los fríos días de invierno.

 

¿No os parecen una propuesta muy bonita para llevar la alegría del jardín al interior de nuestra casa?