Dicen, los que lo han visitado, que es imposible visitar Giverny y no sentir la inspiración de crear arte. Yo, que solo lo conozco por referencias y en fotografías, pienso que la afirmación no podría ser más acertada. Puedo imaginar al pintor asomando a la ventana y sumido en un universo de emociones, hechizado por la belleza arrebatadora de su jardín, un jardín que siendo creación suya le impulsa a realizar nuevas creaciones ¡Cuantos cuadros le dedicó!, no hay rincón de su verde espacio que no haya sido retratado en sus lienzos. La búsqueda de la belleza es innata en todo ser humano (a pesar de que a veces lo dudo), la capacidad de crearla está reservada a unos pocos elegidos. Entre ellos se encuentra nuestro admirado artista, que la concibió en su entorno y en sus lienzos.

Seguro que con mis palabras no os descubro nada nuevo, pero su razón es introduciros el mundo mágico del artista y realizar un paseo virtual que yo sueño con materializar algún día. Vamos a realizar un breve recorrido por el paisaje que cada día contemplaba el pintor, el hogar en el que se refugiaba después de largos días de trabajo creativo y donde conservaba su fabulosa colección de estampas japonesas. La influencia de estos dibujos sobre seda le llevó a crear el jardín japonés, una de las estampas más populares de su vergel.

Espero que las imágenes os gusten tanto como a mi, tanto las de su jardín, de ensueño, como el interior de su hogar, sencillo y bucólico, pero con muchísima personalidad. Adoro esos sofás y butacas de chintz, las sedas y las pinturas de las paredes, esa cocina de azulejos azules y utensilios de cobre.

Para empezar, un plano que nos hace imaginar el recorrido.

Y en el jardín, un paseo primaveral hasta llegar a la casa, cuyo interior restaurado como en tiempos del pintor, conserva algunas de sus pinturas, fotografías y otros objetos personales.

Imágenes: Instagram