¡Buenos días de lunes! ¿qué tal vuestro fin de semana?

El mío relativamente tranquilo, con la casa llena de gente joven amigos de mis hijos (cosa que me encanta) y con trabajo en el jardín. La glicinia ha crecido mucho y había que decidir: ¿cortar las ramas largas o guiarlas por la pared? Al acercarme a ella para tomar una decisión me llevé una agradable sorpresa, está volviendo a florecer.

No son tantas flores como a principios de primavera (os la enseñaba aquí), ni tampoco tan grandes, pero suficiente para notar su presencia. Y sobre todo, totalmente inesperadas, nunca había florecido en estas fechas.

Así que he decidido dejar las ramas nuevas que están dando flores enganchadas al alero del tejado del porche. Creo que serán un bonito marco cuando crezcan y los racimos de flores se vean colgando del techo, incluso desde dentro de casa.

Como la glicinia necesita un soporte al que agarrarse, fui a la ferretería a por el material necesario: alambre forrado de blanco, del mismo que se utiliza en los tendederos de ropa, y un tensor para que quede bien firme.

Una vez colocado el soporte sólo quedaba enganchar las ramas de la glicinia. Estaban bastante enredadas, así que con paciencia las fui separando y guiando hacia el cable con sumo cuidado. El final de las ramas nuevas es muy tierno y se puede romper con facilidad, también las yemas son delicadas, cualquier pequeño tirón las puede desprender y adiós a las próximas flores. Las sujeté con unas ataduras suaves de alambre flexible.

De momento así han quedado, son ramas todavía cortas pero se nota lo mucho que avanzan y además están llenas de yemas nuevas. Algunas las he cortado, solo he dejado un par de ellas sobre el alambre, le cortaré más cuando caigan las hojas en invierno y sea el momento de la poda de floración.