Fue en un viaje a París con mis hijos, ya de regreso y mientras paseábamos por los alrededores de la Gare de Paris-Austerlitz esperando que llegara la hora de tomar nuestro tren. Los niños estaban cansados y buscábamos un parque dónde sentarnos a descansar. Entonces mi marido nos llamó para acercarnos a un pequeño jardincito lleno de flores y césped, era un rincón de ensueño… fresco, colorido y tranquilo.

Tras él se asomaba un pequeño tiovivo que llamó la atención de los pequeños. Caminamos hacia él y descubrimos dónde estábamos. Ante nuestros ojos apareció un enorme jardín delimitado por arboledas a cada lado y caminos para transitar de un extremo a otro.

Era el mes de mayo, en plena primavera el jardín estaba lleno de flores y colores. Había mucha gente caminando al sol de la tarde y la atmósfera resultaba apacible y relajante.

Luego descubrimos que los edificos colindantes albergan el Museo Nacional de Historia Natural, que en sus terrenos se encuentra el zoológico o “Ménagerie” y que el jardín en sí, es el jardín botánico de la ciudad.

Tuvimos la inmensa fortuna de descubrir este jardín de manera casual, para mí es uno de los mejores recuerdos que tengo de un maravilloso viaje a París.